La juventud se gobierna de forma distinta a los adultos: tiene una agenda pública propia, problemáticas específicas y acciones políticas conformes a un grupo de edad determinado.

 Esto no quiere decir que no comparta con otras edades agendas públicas, problemáticas y acciones políticas. No obstante, lo que queremos resaltar en este texto, es ese componente de segmentación de la realidad social por edad que está detrás de un gobierno que clasifica y administra atendiendo a un componente biológico, y que en buena parte es el constructor de las condiciones sociales que afectan al joven y que son un componente fundamental para comprender su percepción sobre la democracia.

 Esto nos conduce a una distinción entre el joven y el adulto que obedece a procesos de construcción de identidad, mismos que nos acaban remitiendo a la integración social, por un lado, y a la ciudadanía, por el otro. Pues bien, cabe subrayar que esos procesos de construcción de identidad que remiten a la integración social y a la ciudadanía varían generacionalmente.

Lo dicho hasta aquí nos permite justificar la pertinencia de relacionar juventud y democracia, pues si su ambiente es tan distinto al de los adultos, y si ese ambiente condiciona su percepción de la política en general y de la democracia en particular, entonces dicha percepción debe ser distinta a la de los adultos, lo cual también debe redundar en sus creencias, opiniones y actitudes respecto a la democracia.

 En todo caso, hay que considerar que también existen permanencias, que para el caso de México nos remiten al clientelismo y al corporativismo todavía con gran presencia en el sistema político mexicano; ya una economía estancada durante décadas que no da oportunidades laborales, sobre todo a las juventudes. Pues bien, estas permanencias pueden pesar más que los cambios señalados a la hora de comprender las similitudes en la percepción de la democracia que tienen las personas jóvenes y los adultos mexicanos.

 Esto no quiere decir que debamos considerar de la misma forma las variables que afectan a ambos grupos, puesto que lo que está aquí presente no son las variables en sí, sino su comprensión distinta por edad, dadas las distintas condiciones sociales, económicas y políticas que afectan de manera diferente a un grupo de edad socializado en un régimen hegemónico, con una economía de sustitución de importaciones y cerrado socialmente, y a otro socializado en un régimen democrático, con globalización económica y abierto en lo social.

 En todo caso debemos dejar la comparación de ambos grupos para otra ocasión y centrarnos en la percepción que tiene la juventud mexicana de la democracia. Es importante analizar, en torno a estos cambios brevemente esbozados, si las variables objetivas señaladas más arriba están relacionadas con percepciones que las y los jóvenes mexicanos tienen sobre la democracia, mismas que inciden en creencias y actitudes, que conjuntamente con las restricciones estructurales del campo de oportunidades de la esfera pública, explican buena parte del comportamiento político.

En este sentido, las personas jóvenes mexicanas contestaron de la siguiente forma las siguientes preguntas:

  • 9 % opinó que “la democracia sirve para elegir a los gobernantes”.
  • 5 % “para resolver las injusticias en la sociedad”
  • 2 % “para que la gente pueda exigir cuentas al gobierno”.
  • Las categorías de “no sabe” y “no contesta” se situaron en 15.1 %, siendo preocupante que la primera de ellas ocupara 13 %. Decimos que es preocupante porque la cognición sobre la democracia es uno de los aspectos fundamentales para el desarrollo de esta forma de gobierno.
  • Sólo 54.8 % de los jóvenes consideró que para gobernar un país es preferible la democracia.
  • 1 % no sabe qué forma de gobierno prefiere.
  • 5% opinan que en ciertas circunstancias la democracia no es la mejor opción para gobernar un país.
  • 6 % se muestra indiferente sobre el régimen político.

 Estos datos son muy preocupantes, ya que muestran que casi la mitad de la juventud mexicana:

  • Desconocen qué régimen político es preferible para gobernar el país.
  • La mayoría se sitúa en “no saben”.
  • Se muestran indiferentes ante la forma de gobierno contestan “me da lo mismo”.
  • No prefieren ni gobiernos democráticos ni gobiernos no democráticos responden “ninguna de las anteriores”.
  • Prefieren gobiernos no democráticos en determinadas circunstancias o se abstienen de contestar.
  • Los datos muestran también un déficit en la socialización política de nuestra juventud en un sentido cívico, factor de vital importancia para la consolidación democrática.

 Las esperanzas que suscita la democracia entre nuestros jóvenes, los resultados de la encuesta respecto a esta pregunta fueron los siguientes:

  • 5 % de los entrevistados tiene la esperanza de que con la democracia se cumpla lo que se promete.
  • 9 % no sabe qué esperar de ella.
  • 6 % considera que trae buenos gobernantes.
  • 1 % nos dice que con esta forma de gobierno se respeta a la gente de bajos recursos.

 Vuelve a ser significativo, al tiempo que preocupante, que un porcentaje tan alto de jóvenes no sepa qué esperar de la democracia.

 Esto indica por lo menos dos cosas en el ámbito de las causas: por un lado, un déficit de transmisión de la política hacia la ciudadanía joven; por el otro, una falta de formación política que redunda en poca cognición y participación en esta esfera, lo cual se traduce en poca esperanza.

 A esto contribuye también un campo de oportunidades en la esfera pública demasiado cerrado a la acción colectiva participativa ciudadana.

 En el ámbito de las consecuencias encontramos por lo menos una de vital importancia: un déficit democrático para buena parte de la población que, alejada de una cultura cívica que promueve la participación política, no espera nada de la democracia y, lo que es peor, se muestra dudosa de la bondad de este régimen. 

 Las personas jóvenes perciben la democracia: de manera formal, identificándola como sistema de elección; la valoran positivamente; reclaman rendición de cuentas a los gobernantes o no saben qué esperar de ella, quizá porque sus demandas y las expectativas de lo que esperan de la democracia exceden lo que ésta puede ofrecer; o dicho de otro modo, porque atienden a una comparación entre los ideales que la democracia ofrece y la realidad de lo que se obtiene de ella, la apariencia de sus instituciones, nivel ideológico y la realidad de poder dominio de su funcionamiento.

 Respecto a la percepción de la democracia de la juventud mexicana y su relación con su nivel académico, los resultados muestran que a medida que aumenta el grado de estudio de las y los jóvenes el desconocimiento de la utilidad de la democracia disminuye.

 Esto guarda consistencia con los resultados obtenidos en diversas encuestas realizadas en torno a la cultura política en México en la Encuesta Nacional sobre Cultura Política y Prácticas Ciudadanas, 2001, 2003, 2005 y 2008.

En cuanto a la forma de gobierno que prefieren las personas jóvenes mexicanas situados en el rango de edad 18-29 años:

  • 5 % opina que la mejor opción para gobernar a un país es la democracia.
  • 5 % piensa que no siempre eso es correcto, pues existen otras formas de dirigir el país.
  • 6 % es indiferente ante cualquier forma de gobierno.
  • 5 % no sabe qué forma de gobierno es preferible para gobernar el país.

Lo importante de estos datos generales es que más de 40 % de nuestros jóvenes tiene dudas, es indiferente, se muestra dispuesto a aceptar otras formas de gobierno o desconoce la democracia, lo cual es indicativo de un déficit de cultura cívica participativa, que es la que sustenta a la democracia.

¿Por qué es importante la percepción que la juventud mexicana tiene de la democracia?

En las nuevas generaciones, respecto de las anteriores, existe una transformación de las valoraciones políticas y de las tendencias ideológicas, así como un ejercicio distinto de la ciudadanía, coincidente con el escenario político mexicano surgido en las últimas décadas, que permitió la democratización del sistema político.

Iniciamos preguntándonos por qué es importante la percepción que las y los jóvenes mexicanos tienen de la democracia. En ese sentido contestamos que, en las nuevas generaciones, respecto a las anteriores, existe una transformación de las valoraciones políticas y de las tendencias ideológicas, así como un ejercicio distinto de la ciudadanía, coincidente con el escenario político mexicano surgido en las últimas décadas, que permitió la democratización del sistema político.

Existen variables socioeconómicas que están relacionadas con la democracia de una forma medios-fines, o por lo menos inciden en su calidad. Es decir, la democracia es el medio para conseguir desarrollo y bienestar dos de sus fines, al tiempo que propicia una ciudadanía integral, es decir, política, civil y social otro de sus fines.

Ambos se han relacionado con la calidad de la democracia.

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